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El "calvo" como expresión política ha causado más guerras y revueltas de las que puedas imaginar

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Para hacer lo que popularmente se conoce como "un calvo" la persona tendrá que bajarse la ropa, dejar su piel desnuda a la intemperie y exhibir su raja a su contrincante. Tiene que exponerse, dejar a la vista una parte vulnerable de su cuerpo, y sin embargo, ese gesto lo entendemos como una muestra de desprecio absoluto.

Pero, ¿quién fue la primera mente pensante que llegó a esa conclusión? ¿Qué civilización fue la primera en practicarlo y, sobre todo, cuáles han sido las repercusiones históricas de este gesto? La respuesta es: a) no lo sabemos; b) probablemente la romana; y c) muchas más de las que podría pensar cualquier persona normal.

La guerra judeo-romana, todo por un calvo

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El primer registro oficial de un calvo nos viene de la mano del sacerdote judío Flavius Josephus, que escribió en el año 66 sobre la burla que causaron unos romanos en una trifulca en Jerusalén. Se envió a varios soldados a la ciudad para vigilar que no hubiera revueltas. Se suponía que estaban para asegurar que hubiera paz, pero uno de los soldados hizo algo más que eso.

Durante una de las ceremonias que se estaban celebrando en la calle, al soldado lo único que se le ocurrió fue darse la vuelta enseñando sus nalgas y profiriendo una sonora ventosidad. Flavius Josephus estaba en esta ceremonia y escribió con detalle el comportamiento del soldado. Los judíos se enfurecieron con este gesto y pidieron que se castigase al soldado. Empezaron a lanzar piedras a los romanos. Pronto hubo una gran revuelta en toda la ciudad y es posible que fuera uno de los eventos que iniciase la primera guerra judeo-romana.

La edad dorada de las nalgas: el medievo

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Según diversas fuentes, durante la Edad Media era relativamente normal que la gente se insultase haciéndose calvos. Uno de los primeros casos conocidos ocurrió durante la Cuarta Cruzada, a inicios del siglo XIII, cuando los europeos occidentales intentaron tomar Constantinopla. A medida que los barcos de los cruzados se alejaban tras el fracasado ataque, los bizantinos gritaban exultantes y "mostraban sus nalgas desnudas en burla al enemigo que huía".

Otra anécdota de la primera mitad del siglo XIII tiene por protagonista al noble y trovador italiano Alberico da Romano, que durante una cacería en la que perdió a su halcón favorito ante su Señor que "dejó caer sus pantalones y expuso su retaguardia al Señor como una señal de abuso y injuria".

Como muchos hemos visto alguna vez, hay gárgolas de la época tardía de la Edad Media tardía que ejercen esa postura. Aunque no es exactamente un calvo como tal, en Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, del XIV, podemos leer cómo los personajes Alison y Nicholas engañan a Absolon para que bese sus traseros en el momento en el que uno de los niños se tira un pedo.

No fue William Wallace, sino los seguidores de Eduardo I

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Y sí, tal y como vimos en esa imagen que se nos quedó grabada a fuego en Braveheart, es muy posible que en las batallas entre ingleses y escoceses hubiese algún que otro calvo durante la contienda, aunque según historiadores como el profesor de la Universidad de York Nicola McDonald o el escritor del siglo XIII Peter Langtoft, lo más posible es que el gesto de burla se hubiese proferido al revés, de los ingleses a los escoceses.

En el archivo histórico de los calvos también hay registrado otro incidente medieval. De camino a la Batalla de Crécy, de 1346, en el momento en el que el rey Eduardo III de Inglaterra tomó Caen. Fue ahí donde los soldados normandeses le enseñaron sus posaderas a los arqueros ingleses, y también por eso que posteriormente pagarían un alto precio por ello.

Le cul guidant le peuple

Catherine Segurane Monument Nice

Caterina Segurana es una heroína popular de la ciudad de Niza y aunque las estatuas de la ciudad la muestran victoriosa alzando la bandera hacia la batalla, es posible que parte de su magnetismo por el pueblo lo causara al mostrarle el culo al pueblo. Durante el asedio del enclave italiano en 1543 esta lavandera dirigió al pueblo contra las huestes francesas y otomanas. Dice la leyenda que la mujer se plantó frente a las fuerzas invasoras y le enseñó sus nalgas, alzando así la moral de la resistencia (que, por cierto, luego perdió).

¿Y si se trata de un gesto universal? ¿Enraizado en nuestros genes sociales? Eso podrían haber pensado varios de los primeros exploradores de la costa atlántica, que en sus notas señalaron que las tribus de Maine practicaban calvos con motivo cómico. Por ejemplo, el explorador italiano Giovannia da Verrazzano redactó que los Abenaki les “enseñaron las nalgas y empezaron a reírse” después de que hicieran una transacción de bienes.

Chúpate esa, Lady Di

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También en la cultura maorí es un gesto reprobatorio, es uno de los mayores gestos de rechazo que alguien puede hacerte, y así se lo hizo saber el activista neozelandés Dun Mihaka en los años 80 a Diana, la Princesa de Gales. Cuando ella y su esposo hicieron una visita oficial al país. Mihaka le plantó a la limusina en la que iba Lady Di un whakapohane.

La tradición polinesia dice que el gesto simboliza a una persona dando a luz, lo cual es ofensivo. Pero la Princesa declararía después que ni siquiera se percató del incidente. No se apresó a Mihaka por este incidente, aunque sí por otros posteriores.

Calvos para todos los públicos

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Y sí, desde los años 60 esta práctica está bastante extendida, sobre todo en la cultura anglosajona. Desde 1979 hay una Fiesta Anual del Calvo en una pequeña ciudad californiana que se celebra cada segundo sábado de julio. La gente se monta en los trenes para pasar por la ciudad y contemplar hileras de personas practicando calvos.

La fiesta empezó como una apuesta. Un cliente de uno de los bares del lugar, el Mugs Away Saloon, ofreció invitar a una copa a todo aquel que se atreviera a cruzar la calle que separa el bar de la vía del tren y le enseñara el culo a los pasajeros del tren de cercanías. Como puede verse en perspectiva, no es sólo que muchos le tomaran la palabra, sino que les pareció un juego digno de una cita anual.

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