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Han encontrado el cadáver de una ballena en pleno Amazonas y nadie sabe muy bien cómo ha llegado allí

Han encontrado el cadáver de una ballena en pleno Amazonas y nadie sabe muy bien cómo ha llegado allí
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De entre los muchos elementos que uno esperaría encontrarse en un manglar amazónico, el cadáver de una cría de ballena no es uno de ellos. Y sin embargo, un grupo de científicos y conservacionistas brasileños halló ayer los restos de un cetáceo de apenas siete metros de longitud a un puñado de metros de la playa más cercana, en el interior de la Isla Marajó. Es un hecho excepcional.

¿Cómo? Las respuestas son esquivas. Pese a que la selva amazónica si ejerce de ecosistema natural para algunas especies de cetáceos, no es el caso de las ballenas jorobadas. Al tratarse de una cría, los científicos creen que pudo perder el rastro de su madre cerca de la desembocadura del Amazonas, fruto quizá del ataque de alguna orca. Las fuertes corrientes y mareas del estuario la empujarían hacia su interior.

Varada y exhausta, moriría de hambre.

¿Cuándo? La autopsia lo determinará en semana y media. Sí parece evidente que el cadáver tan sólo lleva un puñado de días varado en el manglar. Aquí reside la mayor parte del misterio: a estas alturas del año la mayoría de las ballenas jorobadas ya han emigrado hacia la Antártida, donde es verano. Los cetáceos aprovechan la calidez de las temperaturas para alimentarse antes del invierno.

Migraciones. Es difícil encontrar una explicación plausible. Las jorobadas tienen patrones migratorios muy definidos: aquellas ubicadas en el hemisferio norte pasan los meses estivales en las aguas árticas, y el invierno en las proximidads del Caribe; las del hemisferio sur hacen lo propio, en diferentes épocas del año, en dirección a la Antártida.

Ningún modelo explica cómo una cría apareció en la boca del Amazonas, muy cerca del Ecuador, en pleno febrero.

¿Es normal? No, pero tiene algunos precedentes. Como recuerda Motherboard, en 2007 pescadores locales y conservacionistas hallaron un rorcual aliblanco a más de 1.000 kilómetros de las costas atlánticas. La ballena remontó gran parte del cauce del Amazonas y del Tapajós, quedando varada en numerosas ocasiones durante su camino. Pese a los esfuerzos, no logró volver al océano y murió.

El río tiene la culpa. El sistema hidrográfico del Amazonas es tremendamente caudaloso y está repleto de tributarios, lagos, humedales y manglares donde un cetáceo puede terminar perdido. También hay delfines, esta vez autóctonos, igual de extraordinarios: son rosas.

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