Hasta los más listos sucumben a nuestros errores: la polémica sobre el grupo de Facebook de Mensa España

Hasta los más listos sucumben a nuestros errores: la polémica sobre el grupo de Facebook de Mensa España
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Malos tiempos para estar dentro de la oficialmente reconocida como élite intelectual de España. Para los que no la conozcan, Mensa es una mítica asociación de personas superdotadas con sucursales en distintos países del mundo. Un espacio para que individuos de altas capacidades puedan organizarse y realizar acciones en común o mantengan estimulantes grupos de debate sobre decenas de intereses con gente a su altura mental.

Y este fin de semana ha terminado de estallar una disputa que, según muchos, llevaba gestándose durante un tiempo en la organización ibérica. Palabras clave: abusos, ideología y grupos de Facebook.

Lo que los ojos externos ven: machismo en Mensa

Entre otros beneficios de la membresía a Mensa (2.200 socios en nuestro territorio) está el derecho a participar en grupos privados de la asociación, que se vienen desarrollando en Facebook. En ellos participan unas 1.100 personas, tanto en el foro general como en secciones segregadas por diversas temáticas.

En un post que ya ha sido compartido centenares de veces, Raquel Ogando alegó que en los dos años que lleva siendo miembro ha visto que en estos grupo, y por parte de distintos socios, se hacían comentarios “deshumanizadores y/o vejatorios y/o que incitan al trato discriminatorio o incluso a la repulsión” de las mujeres. "Un grupo minoritario", nos cuenta, "pero suficientemente numeroso como para causar la inactividad en los grupos de muchas socias y socios, y a veces hasta bajas".

En su post de denuncia aportaba como prueba capturas de algunas perlas como posts jocosos que proponían como nuevo criterio de admisión para mujeres tener un tamaño mínimo de pecho, la adopción de mandos a distancia controladores de féminas que den como opciones que éstas puedan callarse, hacer mamadas, hacer la comida, etc, posts que instaban a las mujeres a depilarse el pubis y otras intervenciones se semejante categoría.

A priori, no parecen comentarios dignos del Premio Nobel.

Ogando denuncia no por los posts en sí, sino por el problema que ella dice haber visto en la moderación: en este tiempo no sólo no se borraban la mayoría de esos comentarios, sino que se la baneó a ella durante un mes de los grupos de Mensa por llamar machistas a los socios que publicaron esos contenidos. Es decir, lo que movilizó a los moderadores no fueron los mensajes con connotaciones sexistas, sino definir como tal a los que los promovían. “Algunos incluso me han amenazado con denunciarme por llamarles ‘machistas’ públicamente, alegando que tienen derecho a la libre expresión o que son textos humorísticos”, afirma la socia.

La recepción del exposée de Ogando ha sido, a tenor de los comentarios, muy bien recibida entre las mujeres mensistas y también unos cuantos hombres. Ha sido el detonante para que hicieran ver su manifiesto malestar.

Según las últimas cifras divulgadas por Mensa, sólo el 23% de los miembros del club son mujeres pese a que el nivel de aprobados de los tests es casi parejo al de los hombres, y ahí puede nacer el origen del conflicto: capitaneando el histórico descontento, Ogando propuso hace unas semanas la creación de una Comisión de Garantía de la Igualdad de Género, que apoyaron las mujeres y unos cuantos hombres. Hubo "burlas, falacias y enfrentamientos que se fueron acalorando", y nuevos posts humillantes de los trols. Tres fuentes distintas nos confirman que medio centenar de socios envió hace diez meses una queja colectiva contra un socio concreto, especialmente tóxico, pero esta reclamación lleva desde entonces parada.

Ni machismo ni feminismo: libertad

La controversia ha continuado estos días. Muchas socias denunciaban en público que tras el movimiento de Ogando los mensajes que intentaban recopilar en esos foros para hacer piña y evidenciar el machismo y el troleo estaban siendo borrados y que los socios en cuestión estaban también bloqueando a las denunciantes, para que ellas no pudieran ver lo que ellos comentaban o les habían dicho en el pasado. Esos bloqueos provocaban falta de pruebas, que son el material que requiere la asociación para intervenir.

Y llegó la respuesta oficial de Mensa España: la Junta Directiva dice llevar semanas trabajando en una nueva normativa para “poder fomentar un ambiente más saludable y enriquecedor”, pero puntualizan que son “una asociación que no se posiciona en cuestiones políticas, religiosas ni ideológicas, y que entre sus integrantes se encuentran personas de absolutamente todas las tendencias imaginables”, con lo que defienden que ellos permitirán todos los puntos de vista e ideologías evitando “que esta tensión acabe envenenando la convivencia en nuestra asociación”.

En su cuenta personal Javier G. Recuenco, actual presidente de Mensa España, considera que la asociación y sus moderadores han actuado siempre dentro de la normativa interna. “No podemos sancionar a la gente por ser gilipollas”, asegura, y además puntúa que la nueva normativa sí perseguirá los comentarios machistas con más ahínco. Dejando clara que es una valoración a título personal, dice que “el feminismo es una causa completamente loable y que suscribo, pero Mensa no es una asociación feminista”.

Nos cuenta Recuenco que estas denuncias forman parte de una campaña de desprestigio de una socia para “hacer ver que la asociación es machista”, que habría instrumentalizado esta causa por ser la más fácilmente vendible, pero lo que ocurre es que hay soterrada una “batalla” de más calado dentro de los foros de Mensa “entre gente con cosmovisiones diferentes. Que podríamos identificar de manera burda entre izquierda y derecha”.

Una mujer que lleva 20 años dentro de la asociación, llamémosla Laura, dice que “en los últimos años un sector de socios con ideologías políticas bastante concretas (básicamente defensores del neoliberalismo y la derecha en distintos grados de adherencia) han ido paulatinamente aumentando el número de ataques y provocaciones en los grupos comunes. Muchos de ellos, específicamente orientados a mujeres y hombres que defienden el feminismo”, aunque no solo. Que ha habido ataques, a veces coordinados, con el específico propósito de molestar, hasta el punto de que muchas mujeres abandonaban los grupos más activos porque “es muy desagradable”.

La batalla, eso sí, tenía para algunos tintes lúdicos. Ogando dice que los trols tenían un concurso interno de bloqueo de mujeres, con ganadores anuales. "No todas valíamos los mismos puntos en el campeonato. Si el bloqueo de alguna era más difícil de conseguir, ellos anotaban doble, o triple. Los bloqueos de algunos hombres también contaban. Es una conducta machista prototípica: aislamiento de las mujeres, apropiación de los espacios y en último término y como vemos ahora culpabilización de las víctimas". Uno de los comentarios más difundidos en estos días en Twitter mostraba a un socio diciendo que a Mensa "hay que venir llorado de casa".

Tampoco había posibilidad de salir de esta dinámica en entornos propios. Laura dice que recuerda especialmente "el de un señor que entró en un grupo sobre feminismo, Womensa (creado para poder debatir en paz sobre estos temas) con un post que empezaba ‘Hola, chochetes’”. Tanto Laura como Ogando nos instan a compartir que tanto ellas como otras mujeres piensan que es un error solucionable y que la organización y sus foros siguen siendo espacios de sumo interés y enriquecedores, salvando las manzanas podridas.

Con el diagnóstico, Ogando es tajante: "muchas personas tenían miedo a convertirse en objetivos de estos tipos, dejaban de estar activas, y ellos iban ganando terreno. Llegaban a cargos de poder, y luego esto se perpetuaba. Esto es lo que creo que ha ido pasando a lo largo del tiempo".

En los comentarios a los canales oficiales de Mensa y su presidente hay múltiples réplicas alegando que no se acusa al club de ser machista, sino de haber transigido en estas dinámicas por una manga ancha con la moderación en pos de una libertad de expresión que no es tal, sino un mantenimiento del statu quo discursivo que acaba, de facto, afectando a esas mujeres y que no es en absoluto equidistante. Como también ha difundido el bando afectado, Mensa Alemania publicó en su página de Facebook el 4 de junio de 2020 que el racismo y el sexismo no son opiniones, son crímenes, por lo que perseguir el sexismo no es censurar ideologías respetables.

Ahora bien, con el revuelo provocado por el suceso un grupo de socias se ha organizado para facilitarnos un comunicado. En la organización hay miembros machistas "al igual que en cualquier otro ámbito social porque no somos mejores ni peores que el resto de la sociedad", dicen. Tres de los miembros de su Junta Directiva son mujeres por criterios "puramente meritocráticos" y esa infrarrepresentación de su género en Mensa se difumina en los grupos de Facebook porque ella tienden a ser "mucho más participativas" y su presencia se hace notar.

"Por supuesto que un ambiente machista e imágenes como las de las capturas son inaceptables. Pero creo que de esta crisis ha resultado una voluntad común en toda la asociación para mejorar los espacios virtuales, cosa que no es fácil de hacer en ningún entorno, pero es particularmente peliaguda en uno en el que la gente tiene una gran capacidad para argumentar", sentencian.

La cara oculta del debate: el conflicto político y el eterno debate de la moderación

Nada de esto tendría interés para el público ajeno a Mensa de no ser por lo simbólico, schadenfréudico de la situación: el grupo de gente certificada como más inteligente de entre nosotros cae en las garras de la misma radicalización e intoxicación de los espacios públicos que cualquier grupo de WhatsApp vecinal. A ellos parece haberles sucedido algo más tarde que a un grupo de sus características equivalentes (mucha gente sin fuertes nexos identitarios previos mayor que ese afán general por el conocimiento), pero ha terminado llegando.

Facebook en concreto ha sido uno de los artífices de estos microclimas. En 2017 pivotó la estrategia de la plataforma de una que incentivase el timeline general, donde había multitud de conflictos ideológicos y de moderación, a otro en el que los grupos privados autogesionasen el embolado de la censura, recluyéndose de la vista de los extraños y creando menos fricción participativa. En cuatro años pasaron de 100 millones de grupos a 400. Según The Wall Street Journal, para agosto de 2020 70 de cada 100 grupos “cívicos” presentaban problemas de difusión de discursos de odio, desinformación o acoso selectivo.

Mucho se ha teorizado sobre las causas del inflamamiento informativo, así que añadamos a la cubeta dos recientes y posibles nuevos ángulos para lo que ha pasado en Mensa: según un reciente meta-análisis, "cada palabra moral-emocional adicional aumenta la probabilidad de que un mensaje político sea compartido en las redes sociales en un 12%". Y también que, pese a esos mitos copernicanos de genios contestatarios en los que nos han educado los libros de texto y el cine, las personas con más educación son, de media, más conscientes de las normas sociales que desalientan la expresión de las propias opiniones, por lo que son más propensas a expresar cosas en las que no creen necesariamente por miedo a perder su reputación dentro de un grupo.

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