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Por qué hay que recordar a Hans Rosling, el hombre que luchó por acabar con el mito del tercer mundo

Por qué hay que recordar a Hans Rosling, el hombre que luchó por acabar con el mito del tercer mundo
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Oficialmente no era un estadista (técnicamente era un experto en salud mundial) pero luchó toda su vida por fomentar una visión del mundo basada en los datos. Hans Rosling, que ha fallecido ayer, quería romper algunos de los grandes mitos colectivos que tenemos en nuestra sociedad, que hacen que nuestra forma de comprender el mundo esté totalmente equivocada. Y se puso manos a la obra de la mejor forma posible: entreteniendo a la vez que educaba.

Los que leyesen la web Gapminder, fundada por él mismo y otros dos colegas, lo sabían: era un apasionado de los datos. De su visualización, mucho antes de que se pusiera de moda el data journalism, y de enseñarle con ello al mundo cómo son en realidad las cosas frente a lo que suponemos que es el mundo influidos por los titulares de las noticias de cada día.

“Todas las posibilidades del mundo están en África”, decía con entusiasmo Rosling en una charla TED en la que mostraba con un nutrido gráfico las enormes diferencias de salud y economía dentro del continente negro, donde nos hizo ver cómo a día de hoy la clase media sudafricana vive tan bien como en España al tiempo que nos enseñaba cómo los nigerianos son el grupo más empobrecido de todo el planeta. Los 20 minutos que dura su análisis demográfico en el siguiente vídeo no tienen desperdicio.

"Prácticamente toda Asia ha dejado de ser pobre en 40 años" y otros hechos igual de increíbles

La clave expresada con muchísimo humor en Las mejores estadísticas que hayas visto jamás (y que desde 2006 ha sido ya visto más de 10 millones de veces) era romper para siempre ese viejo concepto de primer y tercer mundo. Mostrar cómo las diferencias de población han caído en picado en los últimos 50 años e intentar que entendamos que los habitantes de los cinco continentes estamos cada vez más cerca de encontrarnos en un ecuador económico y poblacional.

Rosling se pasó toda su vida intentando contagiarle a sus oyentes la alegría de saber que vivimos en el momento más próspero y optimista de la historia de la humanidad. Los datos generales le respaldan, aunque también algunos colegas de profesión le acusaban de ser excesivamente entusiasta sobre el nivel de desarrollo mundial.

Aquí van algunas de las lecciones que quiso divulgar y que tal vez no sabías:

  • En un siglo hemos pasado de una esperanza de vida de 40 años a más de 70 en prácticamente todo el mundo.

  • En 1972, las mujeres de Bangladesh tenían de media 7 hijos y la esperanza de vida era de media 45 años. Para 2012, la media de hijos había bajado a 2.2 hijos por madre y la esperanza de vida había ascendido hasta los 72 años.

  • Una progresión similar puede verse entre las grandes poblaciones del mundo, desde China hasta India pasando por Indonesia. Sólo en los países menos desarrollados, como Níger, Nigeria o Tanzania siguen teniendo las mujeres una prole de 4 o 5 hijos.

  • En 1915 Estados Unidos tenía una peor tasa de mortalidad infantil que la India de hoy en día.

  • A pesar del boom de población experimentado en los últimos 40 años, en algún momento del próximo siglo llegaremos a unos 11.000 millones de habitantes del mundo y la cifra se estancará.

  • Y tú mismo puedes experimentar con estas y otras muchas más cifras sorprendentes en la sección de infografías de Gapminder.

En su esquema mental, Hans Rosling sabía de lo que hablaba. No se pasó la vida metido en el ordenador ni consultando bases de datos. Él mismo habría elaborado alguna de esas durante sus primeros 20 años de trabajo, estudiando una enfermedad, el konzo, en áreas remotas de África. Este mal afectaba a personas en poblaciones rurales en las que al hambre se le sumaba una dieta dominada por yuca no procesada adecuadamente. De su trabajo con el konzo impulsó cursos en salud global. Después saltó a otros campos de estudio relacionados: desarrollo, agricultura, pobreza y salud en África, Asia e Iberoamérica.

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Este profesor sueco era, según dijo en 2012 la revista Time, una de las 100 personas más influyentes del globo terráqueo. Fue consejero de diversas ONGs, de Naciones Unidas y de Unicef. También políticos de primera fila, y de diversas compañías tecnológicas, de las que esperaba mucho. Para él, las herramientas de visualización de datos y el acceso a Internet podrían hacer prosperar enormemente el mundo. Sólo con eso se podía propagar el conocimiento de una forma óptima.

Como profesor universitario, solía sondear a sus alumnos con preguntas sobre el estado de desarrollo de diversos países, y en sus resultados solía aparecer cómo los más educados de cada región tenían un índice menor de acierto que grupos controlados de chimpancés. Todo, por los prejuicios con los que vivimos, sobre todo en occidente.

Por qué debemos memorizar EE.UU. tenía en 1957 la misma economía que Chile ahora

Rosling desarrolló programas para convertir series estadísticas en gráficos interactivos, e hizo divertidas series documentales sobre el desarrollo global para la BBC. Sus conferencias usando gráficos para visualizar datos sobre el tema podían combinar información con juegos de tazas, rollos de papel higiénico o bloques de Lego. Era un profesional tragador de sables y con esa habilidad sorprendía a su público, intentando que fijasen en su memoria los importantes datos que había dado minutos antes de meterse una espada en la garganta (como se puede ver en los últimos instantes de esta conferencia).

Pese a todo, y echando la vista atrás, Rosling consideró que no había logrado su objetivo. En una entrevista que realizó para The Guardian en 2013 confesó lo siguiente: “la fama es fácil de alcanzar, pero no causar huella en la gente. Cuando le preguntamos cada cierto tiempo a los suecos por cuántos niños tiene de media una mujer bangladesí siguen respondiendo que cuatro o cinco. He logrado tener éxito en cuanto a alcanzar la fama, en hacer cosas graciosas, pero no en que el conocimiento tenga un impacto real en la sociedad”.

Puede que sea más fácil rememorar sus trucos educativos en el escenario, pero haríamos honor a su legado si le recordásemos como el sueco que vivía como los chinos, como los sudafricanos, mexicanos y españoles: en el segundo mundo.

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