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Prohibido el playback o no amar al Partido Comunista: China lanza 25 normas de censura para sus artistas

Prohibido el playback o no amar al Partido Comunista: China lanza 25 normas de censura para sus artistas
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La Asociación de Artes Escénicas China, a las órdenes del Ministerio de Cultura y Turismo, acaba de publicar un listado con diez mandamientos y 15 actos prohibidos para artistas y personas del entretenimiento (músicos, bailarines, etc). Los actos conllevarían medidas disciplinarias y castigos en un amplio rango, desde pequeñas sanciones a la pérdida del derecho a trabajar en la industria de por vida.

Bueno y malo para los artistas: como se explica desde la propia nota de prensa de la asociación, no son más que un puñado de medidas que la gente del sector ya de forma tácita sabía que eran líneas rojas para Beijing. Sin embargo, según ha analizado Variety las reglas están escritas de una forma lo suficientemente amplias como para ser interpretables según el caso.

¿Y qué cosas se prohíben? Hay numerosas formas de expresar que los trabajadores deben obedecer y amar al Partido Comunista "amar ardientemente a la patria, apoyar la línea, los principios y las políticas del Partido ... y aceptar conscientemente la supervisión [del gobierno] y de la sociedad […] servir al pueblo y al socialismo", etc. Tampoco deben promocionar religiones o “falsas creencias”. Hay también una prohibición explícita a cambiar el contenido de tus actos a versiones que hayan censurado los censores. Es obligatorio adherirse a los contratos de actuación de acuerdo con la ley (para evitar escándalos cienmillonarios como el de Fan Bingbing) y, tal vez lo más llamativo, se prohíbe hacer lip-sync o playback en anuncios.

Pero no se circunscribe a los intérpretes: ya en 2017, por ejemplo, las cadenas televisivas tenían normas de que sus producciones "realzaran el gusto cultural de la gente" y "fortalecieran la civilización espiritual". También desde este lado se ponen límites a lo que las personas dentro de estas empresas pueden ganar, limitaciones que derivan en una competitividad más alta por la gente por dedicarse a estos trabajos aspiracionales, que aceptan también más condiciones y jornadas más extenuantes y a su vez repercute en el bienestar del trabajador.

La incomodidad China con sus estrellas: con la prosperidad llegan focos de poder que pueden escaparse al control estatal. En la floreciente industria cultural de vez en cuando se ven a estos influencers hablar de las violaciones de derechos humanos en Xinjiang o el Tíbet, o de forma general o con sus propios actos registrados por los paparazzis animan un espíritu rebelde entre los jóvenes que los admiran (por eso censuran, por ejemplo, los piercings en televisión).

Pero la mayor preocupación, además de la adhesión que cada estrella puede alcanzar por culpa de toda la gente que los adora, es la de la imagen que da para su objetivo ideológico comunista. La famosa Fan Bingbing, el equivalente de allí a una Scarlett Johanson en cuanto a nivel de fama, firmaba contratos más caros que los que en realidad declaraba al gobierno, y si se permitía por parte de las instituciones que la actriz se enriqueciese sin límites se daría pie a incentivar una visión capitalista de la sociedad: no hay límites económicos a lo que un individuo puede “valer”. Claro que si, como pretende el Partido, se pone límites al dinero que cada superestrella puede ganar por obra, esa competitividad entre productoras por acceder al talento más jugoso se podría mover a otros terrenos, probablemente al soborno político.

Mi muy cursi patria: hay incluso medios que cuentan con la aprobación del partido que reflejan que la industria del entretenimiento se encuentra con un problema por estas censuras estatales. Las limitaciones del discurso político de las películas está llevando a una autocensura de los creadores que les mueve a una repetición de fórmulas que saben que tienen el visto bueno, y de esta manera se desincentiva el talento creativo, lo que está repercutiendo, por ejemplo, en su prestigio, con menos nominaciones en certámenes de primera categoría mundiales tipo Berlinale, lo que limitará su circulación en el extranjero.

Pero puede que esto les de igual: según los análisis de 2020, y teniendo en cuenta todo lo raro que ha sido para la distribución cinematográfica, este ha sido el primer año en mucho tiempo que las salas de cine chinas no han elegido a ninguna película extranjera entre las más vistas por su población. Apenas Tenet consigue optar al puesto 11, estando todo el top conquistado por la producción nacional.

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