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Sobremesa es civilización: los españoles pasamos más tiempo comiendo y bebiendo que nadie

Sobremesa es civilización: los españoles pasamos más tiempo comiendo y bebiendo que nadie
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Una reciente estadística de la OCDE nos pone frente a frente con un indicador de salud personal y social que no solemos tener muy en cuenta: el tiempo que empleamos comiendo y bebiendo. Los españoles pasan, de media, dos horas en la mesa, mientras que en el otro extremo de la gráfica los norteamericanos rebajan su tiempo de ingesta total diaria a una hora. Los países mediterráneos somos los líderes del bienestar alimenticio, que está muy ligado al social.

Y sí, la estadística se publicó en un informe con motivo del 8 de marzo para contextualizar la brecha de género en todas sus dimensiones. Los hombres pasan en la mayoría de países algo más de tiempo comiendo, aunque la diferencia es casi mínima, cuestión de minutos. Esto contrasta con el tiempo que sabemos que las mujeres le dedican a las tareas domésticas frente a los hombres: es más fácil que una mujer pase el doble de tiempo frente a los fogones.

El documento, por cierto, también revelaba otro significativo detalle: frente a la popular creencia de que las mujeres dedican más tiempo a su cuidado personal, las diferencias también son mínimas entre géneros, cuestión de minutos en la mayoría de países.

¿Pero por qué esto es importante? Porque tiempo de comida es sinónimo de salud. Hay estudios que han relacionado un mayor tiempo dedicado a la alimentación con índices mayores de ingesta de frutas y verduras, hasta dos piezas de fruta y dos de verdura más al día. Los comedores veloces, además, tienden a cocinar menos, gastar más dinero comprando comida fuera y echando mano con mayor frecuencia de grasas saturadas y sal.

De la mesa al plato y del plato a la sociedad igualitaria

Si echamos cuentas, es difícil pensar que alguien pueda pasar dos horas completas realizando el mecánico gesto de comer al día. Estas cifras esconden en realidad la pausa para comer, del tiempo de sobremesa. De mejorar nuestras relaciones interpersonales con familia, amigos y compañeros de trabajo.

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La sociología ha indicado que los que comen en grupo tienden a mirar a los demás con más frecuencia como a sus iguales, eliminando prejuicios de clase, raza y género. También es positivo para los niños: los estudiantes que no comen regularmente con alguno de sus padres al menos cuatro días a la semana aumentan sus índices de abandono escolar.

En conclusión, aunque muchos países de primer orden (donde no está mal visto comer frente al ordenador del trabajo, en el metro o en la calle) perciben la pausa extensa para comer como un lujo burgués, es algo que los españoles de momento parece que se pueden permitir.

Pero no es oro todo lo que reluce: las comidas reposadas tienen sus desventajas

Primero, porque nuestras pausas de más de una hora asignada entre las 14 y las 16, según tu puesto de trabajo, hace que rindamos menos a la vuelta y que perdamos parte de la vida de tarde.

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Y segundo, porque nuestra cultura alimentaria mediterránea aún no se ha adecuado a la exigencia calórica de nuestros tiempos. Somos el segundo país más obeso de la Unión Europea, cosa especialmente grave entre los niños, y todo eso siendo el país junto con Italia que menos dinero gasta en comida basura. La sobremesa copiosa y la comida de menú de dos platos como hábito debería desaparecer. Aunque no necesariamente el tiempo que pasamos con los codos sobre el mantel.

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