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La Tate Modern vs. millonarios londinenses: la batalla por las vistas desde el museo a unos pisos de lujo

La Tate Modern vs. millonarios londinenses: la batalla por las vistas desde el museo a unos pisos de lujo
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“Nos sentimos completamente vigilados”. “Esto es peor que un zoo”. Son quejas de unos vecinos del histórico y exclusivo barrio de Southwark, a dos patadas del London Bridge. Viven en el novísimo complejo NEO bankside, 200 viviendas a precio de y cuatro torres high-tech diseñadas por el mismísimo Richard Rogers, el arquitecto de la T4 y del legendario edificio de la Lloyd’s. ¿Lo mejor? Sus ventanales del techo a suelo. Sus majestuosas casas se convertían en un panóptico desde el que observar todo Londres, desde el Támesis hasta sus ciudadanos de a pie, sintiéndote dominar el paisaje. Un lujo que, a cuatro millones de libras por piso, parece hasta barato.

Hasta que vinieron los pobres a fastidiarlo. Resulta que lo que también estaba cerca de estos edificios era la chimenea de la antigua fábrica de turbinas que hoy aloja el museo de la Tate Modern. En 2016 se inauguró la extensión de la Tate Modern y con ella una terraza con vistas de 360 grados y por la que pasan muchos de los 10.000 visitantes que entran cada día por esta galería de arte moderno. Hay una esquina de la terraza que se acerca enormemente a los lujosos apartamientos de Rogers, apenas a 20 metros.

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Y la gente ha empezado a hacer de todo: desde quedarse a comer pipas y observarlos hasta reírse de ellos e insultarlos. Los vecinos aseguran que hay gente que se lleva prismáticos. La opinión pública, además, no está muy de su parte: asfixiados por la dramática crisis de la vivienda, afectados por la enorme disparidad de rentas, muchos ven cierta justicia poética en que los ricos no puedan abstraerse de los problemas de la vida en sociedad. La respuesta de los vecinos de NEO bankside fue contundente: denunciar en los juzgados por invasión de privacidad e intentar cerrar la terraza de la Tate.

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Pero la justicia les ha hecho polvo. Casi se puede leer el regodeo del juez del Tribunal Superior Justice Mann en su veredicto, que ha sido denegar la admisión a trámite de la demanda. En sus 70 páginas propone soluciones menos drásticas que una batalla judicial como son “bajar sus persianas solares”, “instalar una película eléctrica de privacidad” en las ventanas, o pensar en comprar “plantas bien altas”. El juez les ha mandado correr las cortinas, justamente lo que hace cualquier hijo de vecino, en un gesto que se interpreta como un rechazo al arrogado derecho de los millonarios a disfrutar de las vistas en exclusividad.

Fue su responsabilidad: es lo que comenta Mann en su escrito. Para su veredicto el magistrado fue tanto a los pisos como a la terraza, y confirmó que la gente se estaba comportando de forma obscena y en algunos casos incívica, pero que los vecinos debían saber dónde se metían cuando compraron unos pisos con unas cristaleras del techo al suelo. “Los apartamentos son impresionantes, pero las ventajas de sus amplias vistas tienen un precio que se paga en términos de pérdida de privacidad”.  

De todas maneras, y para paliar los efectos, la Tate ha reducido por voluntad propia las frecuencias a la terraza y ha colocado un cartel que dice “Por favor, respeten la privacidad de nuestros vecinos”.

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