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La última gran idea del biohacking: temporadas de ayuno de dopamina para resetear la química del cerebro

La última gran idea del biohacking: temporadas de ayuno de dopamina para resetear la química del cerebro
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La “Bay Area” de San Francisco tiene un nuevo entretenimiento, una nueva experiencia a través de la cual mejorar tu vida: suprimir cualquier atisbo de felicidad.

“Ayuno de dopamina”, así es como se está conociendo a este biohackeo, al estilo de otras recientes modas de ingenieros del Valle como el microdosing (drogarse en dosis mínimas) o el sustituir la ingesta de alimentos por chupitos de cetona. La idea es suspender durante un tiempo (varios días, incluso semanas) cualquier tipo de estímulo externo o interno que pueda provocar la activación de este neurotransmisor. Esto ayudará, hipotéticamente, a “resetear” nuestros sobreestimulados cerebros, de forma que, tras el período ascético, tus sentidos se agudizarán, se templarán y serás capaz de disfrutar de tu día a día de forma más intensa.

La moda empezó hace años, pero, como se viene viendo desde distintos canales de desarrollo personal de Youtube o LinkedIn, está en su punto de apogeo.

Ni una triste galleta: según cuentan sus adeptos, puedes adherirte a este ayuno sensorial en distintas modalidades, de más ligero a más extremo. Los menos radicales cortan cualquier tipo de fuente de ocio, intentan comer alimentos más o menos insulsos y limitan su jornada a pasear en bici y trabajar, a ser posible con aparatos analógicos (por supuesto cualquier dispositivo al estilo de teléfonos móviles está más que prohibido). Los más talibanes llevarán la privación sensorial un escalón más allá, evitando el contacto ocular con los demás, procurando no hablar con nadie, manteniendo las persianas bajadas, etc. En esencia, cualquier cosa divertida está prohibida.

¿Dopamina? Los mismos defensores de esta corriente reconocen que el término escogido es completamente incorrecto, y que sería más preciso hablar de “nociones básicas de control de estímulos para evitar comportamientos adictivos”. Es cierto que el nombre no es correcto, ya que, según los médicos, el énfasis en que la dopamina es un equivalente al placer es una sobresimplificación de sus funciones.

Por ejemplo, es habitual que la gente piense que el placer inducido por el consumo de comida y drogas está relacionado con este neurotransmisor, cuando hay evidencia que indica que interferir en la transmisión de dopamina no altera la reactividad hedónica a los alimentos y la droga. Y por eso mismo hay más elementos involucrados en el proceso de creación de adicciones que se produce en nuestro centro de recompensas que la mera “molécula”.

Una realidad no tan confusa: aquí el doctor Eric Bowman cuenta que, para que el cuerpo haga esos “ajustes moleculares” (homeóstasis en su término científico) que modifiquen de forma  nuestra psique que alegan los ayunadores, el grado requerido de impacto es infinitamente más alto que el que pueden producirnos los estímulos modernos como los ruidos de la ciudad, la saturación de publicidad o la constante presencia de notificaciones en redes sociales.

Foto: Peakpx.

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