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La Gen Z había encontrado su tatuaje-símbolo generacional. Hasta que descubrió que era nazi

La Gen Z había encontrado su tatuaje-símbolo generacional. Hasta que descubrió que era nazi
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El advenimiento de la cultura digital ha reformulado para siempre las identidades colectivas. La Gen Z, posterior a la millennial, ofrece un ejemplo perfecto. Nunca antes millones de jóvenes de todo el mundo socializaron en idénticos espacios (TikTok, Instagram) bajo líneas estéticas y referentes culturales parejos. El fenómeno ha permitido crear una "conciencia generacional", una suerte de vínculo transversal a todos (o casi todos) los jóvenes del mundo.

¿Qué mejor que un tatuaje para refrendarlo?

Elección nazi. La idea surgió de una tiktoker estadounidense, @smoothavocado, en un vídeo ya retirado de la plataforma. El tatuaje en cuestión sería una Z atravesada por una línea horizontal. Al fin y al cabo se trataba de la generación Z, ¿no? Sin saberlo, la joven había dibujado un wolfsangel, un símbolo heráldico de larga ascendencia en los países germano parlantes... Y resignificado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Adornó, entre otros, los emblemas de las SS.

Polémica. El vídeo se viralizó de forma inmediata. Hasta el punto de que miles de usuarios tanto de TikTok como de Twitter (en su mayoría anglosajones) abrazaron con entusiasmo el tatuaje. Muchos de ellos compartieron imágenes de microtatuajes en la parte trasera del cuello, y otros de reconocida influencia, como @ameliexrose, se subieron al proyecto. Un símbolo ya indisociable del nazismo se había convertido, de repente y sin querer, en el emblema de la Gen Z.

Críticas. A las pocas horas el bumerán dio la vuelta. Otra usuaria de TikTok, @kcmbrly, compartió el vídeo original desvelando el significado oculto de la Z. Las redes se llenaron de chistes y mofas. La ideóloga del tatuaje, @smoothavocado, borró la publicación, protegió su cuenta y publicó otro vídeo mostrando su arrepentimiento. "[El tatuaje] iba sobre amor y unidad", explicaba entre lágrimas. Para entonces numerosos usuarios ya habían puesto el grito en el cielo.

Los mismos influencers que habían promocionado la idea, como @ameliexrose, retrocedieron sobre sus pasos y advirtieron sobre el carácter nazi del tatuaje. A esta hora son centenares los vídeos de TikTok donde se alerta sobre el símbolo y sobre el riesgo de tatuárselo.

El olvido. Dos causas paralelas explican la confusión. Por un lado, la necesidad de toda generación joven de forjarse una identidad bajo símbolos o estéticas comunes. La socialización internacional promovida por Internet ha destruido los nichos (¿alguien se acuerda de las tribus urbanas?) y las ha sustituido por líneas más o menos parejas. En este contexto, la idea de un tatuaje que aúne a un tiempo el orgullo generacional y sirva de lema contestatario parece consustancial a nuestra era.

Por otro, el olvido, explicable por el paso del tiempo. Si una tercera parte de la población europea recuerda vagamente el Holocausto, si hasta un 35% de los millennials estadounidenses no sabe (PDF) lo que fue Auschwitz, si incluso un 42% de los jóvenes austriacos minimiza el número total de judíos exterminados por los nazis, ¿por qué un símbolo reapropiado por los nazis debería disparar todas las alarmas? Lo más probable es que el wolfsangel pase desapercibido entre la mayoría.

Compromiso. El accidente no pasa de la (graciosa) anécdota. Lo cierto es que las mismas encuestas que ilustran cierto olvido también evidencian que la abrumadora mayoría de jóvenes (más del 75%) saben qué fue el Holocausto, aunque sea en sus líneas básicas. Y que las nuevas generaciones, muy especialmente la Z, tienen un compromiso político (en las antípodas de las simpatías nazis) muy agudo. Superior al de sus antecesores. Pese al tatuaje.

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