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¿Izquierda y derecha? No, la siguiente gran división política de nuestra era es coche vs. bici

¿Izquierda y derecha? No, la siguiente gran división política de nuestra era es coche vs. bici
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Más o menos impuestos; más o menos gasto en defensa; más o menos estado; más o menos regulación y burocracia. Las democracias occidentales se han sostenido durante décadas a través de un eje identificable: la izquierda frente a la derecha. Es algo que está cambiando, y lo está haciendo por diversos frentes. ¿Uno quizá no tan esperado? La movilidad urbana. La gran división del mañana es coche vs. bici.

¿Por qué? Lo ilustra un reciente estudio elaborado por Pierre Filion, investigador de la Universidad de Waterloo (Canadá). Filion parte de dos elecciones regionales celebradas en Ontario durante la pasada década, y analiza cómo los candidatos conservadores movilizaron con éxito a los votantes suburbiales gracias a un efectivo relato pro-automóvil. Ambas campañas explotaron la brecha entre la periferia y el centro de la ciudad.

La lectura. Dos cuestiones destacan por su interés. Por un lado, el enfoque de los comicios: eran regionales y no municipales, donde este tipo de conflictos son más frecuentes. Por otro: las campañas lograron convertir al coche y a los suburbios en una cuestión cultural. Los diseñadores urbanos y los habitantes cosmopolitas del "downtown" buscaban destruir su modo de vida mediante carriles bici y restricciones al tráfico.

Efectividad. El estudio es específico de América del Norte y sus típicos modelos urbanos: baja densidad, dependencia del coche, escasos servicios públicos. Pero encaja bien en otros países donde las resistencias a los nuevos modelos de movilidad (más limpios, más restrictivos para el automóvil) han generado grandes conflictos políticos (ya sea en Madrid, a través de los gilet jaune en Francia o en las ciudades alemanas).

También complementa a la creciente brecha urbana y rural (periférica).

¿Qué significa? Como el estudio explora, que la movilidad urbana se está convirtiendo en un importante vector del voto. Así, vivir en barrios alejados del centro estaría relacionado no sólo con mayor preferencia por políticas de movilidad tradicionales (coche) y menor tolerancia a medidas anti-contaminación; sino también con posiciones ideológicas más conservadoras. Vivir o no en el centro prediría bien el sentido del voto.

No es algo excepcional: sucede con la edad o la religión. Pero sí habría ganado relevancia en un momento en el que todas las ciudades debaten conflictos similares. Las preferencias de los votantes se estarían alineando de forma más radical ante la creciente importancia del diseño urbano o la contaminación (despriorizando otras cuestiones).

¿El fin del eje clásico? Sí y no. Por un lado, y como los "chalecos amarillos" demuestran, la cuestión del coche y de la movilidad es transversal a la izquierda y a la derecha. Sus militantes provienen de toda suerte de partidos: les une la periferia. Por otro, y pese al surgimiento de los partidos populistas o de tibia adscripción ideológica (como el M5S en Italia), casi todas las elecciones siguen ancladas en el eje izquierda y derecha.

A partir de ahora, quizá haya que añadir otro mix. El coche vs. la bici.

Imagen: IDuke/Commons

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