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En plena huelga climática de sus empleados, Amazon se sube al "greenwashing": cero emisiones en 2050

En plena huelga climática de sus empleados, Amazon se sube al "greenwashing": cero emisiones en 2050
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La cuestión medioambiental se ha colocado en el centro de la agenda mediática y política. Lo saben los gobiernos, cada vez más conscientes de la urgencia del cambio climático y del deseo de sus votantes de acometer una transición energética, y lo saben las grandes empresas, sabedoras de las mil y una oportunidades publicitarias y estratégicas que ofrece la causa climática. Adoptar medidas verdes no es solamente una forma de comprometerse con el planeta, es también una excelente herramienta de márketing que subraya los valores de la compañía ofrece una buena imagen entre el consumidor.

Y Jeff Bezos es consciente de ello.

Agenda sostenible. The ahí que hoy Amazon haya presentado en sociedad The Climate Pledge, un "compromiso" por un futuro donde la empresa, una de las más grandes y rentables del planeta, reduzca a la mínima expresión sus emisiones contaminantes. Bezos aspira a desengancharse de los combustibles fósiles y las energías no renovables para 2040, diez años antes de objetivo mundial establecido por los Acuerdos de París y al que la humanidad, si continúa al ritmo actual, no llegará. Su objetivo: sostener sus almacenes y plantas mediante energía solar y eólica, y que todos sus repartos se realicen con vehículos eléctricos.

Timing. El anuncio coincide con la primera huelga convocada por los trabajadores de Amazon a escala global. Se espera que más de 1.000 empleados abandonen sus puestos de trabajo (incluyendo aquellos destinados en las oficinas centrales de Seattle) reivindicando un modelo energético y económico más sostenible. La huelga, enmarcada de lleno en las movilizaciones por el cambio climático, apunta directamente al escaso ahínco medioambiental perseguido por la empresa y no tanto a las condiciones laborales (como habían hecho hasta ahora los paros sindicales en algunos almacenes).

Es decir, hay una presión interna, vía trabajadores, y otra externa, vía consumidores.

¿Factible? Depende del interés real ponga en ello. Lo cierto es que Amazon lleva años interesada en reducir su huella medioambiental, aunque los hechos no siempre hayan acompañado a sus declaraciones. En febrero, por ejemplo, anunció que compartiría los datos sobre su consumo energético con el público. Aún no lo ha hecho. Según Bezos, el 40% de la energía consumida por sus almacenes ya proviene de fuentes renovables, gracias a la inversión en 15 granjas solares y eólicas en plantas repartidas por todo el mundo. En teoría, tal como se anunció en 2017, 50 de sus instalaciones funcionarán con energía solar para 2020.

Aquel mismo año Greenpeace emitió un informe desgranando la huella medioambiental de las cinco grandes tecnológicas. Amazon salía muy mal parada: sólo el 17% de su consumo procedía de fuentes renovables, frente al 32% de Microsoft, al 56% de Google o al 83% de Apple.

Intereses. Desde entonces, otros informes han evidenciado sus avances. El año pasado, la SEIA estadounidense colocó a Amazon entre las tres primeras empresas con mayor potencia instalada en placas fotovoltaicas (329 MW). Al mismo tiempo, Gizmodo revelaba sus crecientes conexiones con la industria del gas y del petróleo, ofreciendo soluciones integrales en forma de almacenamiento de datos, servicios en la nube o machine learning, entre otras muchas. De forma particular, la huella medioambiental de Amazon se ha convertido en una mancha en su historial público como en ninguna otra gran tecnológica. The Climate Pledge busca arreglarlo.

El consumidor. La diferencia entre Amazon y, pongamos, Google, va más allá de la escala de los data center (capaces de consumir ya el 3% de la energía mundial) o de sus compromisos renovables. Alcanza a su naturaleza como negocio. Amazon reparte cosas. Y ese reparto, incentivado al máximo por servicios como Prime, incurre en un coste contaminante superior a otras actividades, dado que se realiza mediante vehículos propulsados por combustibles fósiles. De ahí que la compañía también haya anunciado que el 50% de sus envíos no emitirán CO2 antes de 2030, y que Bezos haya comprado 100.000 furgonetas eléctricas a Rivian.

Imagen y dinero. Como se apunta aquí, para Amazon es tanto una operación publicitaria como una forma de ahorrar costes a largo plazo. Todas las grandes empresas están hoy interesadas en saltar a energías sostenibles porque, como sabe hasta la industria del petróleo o la del automóvil, los impuestos a las emisiones y las penalizaciones a las energías fósiles las harán más caras en el futuro. Son externalidades negativas, y los gobiernos las gravarán. Sucede algo similar en la industria de la moda: producir de forma justa o sin contaminar tiene rédito entre los consumidores, hoy movidos por la urgencia climática.

Es la estrategia "greenwashing", promover medidas verdes porque son populares entre sus consumidores y, en el caso de Amazon, trabajadores. Y ninguna empresa es ya ajena a ella.

Imagen: Bryan Angelo/Unsplash

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