Alguien ha atacado 70 antigüedades de la Isla de los Museos de Berlín. Eran objetivo de los conspiranoicos

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Durante casi dos semanas las autoridades y responsables de los museos han mantenido el suceso oculto a la opinión pública, pero un informe realizado la revista Die Zeit y la radio Deutschlandfunk ha sacado a la luz el que es considerado el “ataque más profundo contra las obras de arte y antigüedades sufridas en su historia por parte de los museos de Berlín”. El atacante o atacantes actuaron el día 3 de octubre, coincidiendo con el Día de la Unidad Alemania, que celebra la reunificación de 1990.

Hablamos de 70 piezas que fueron rociadas por un líquido aceitoso aún por determinar, y aunque las manchas eran en muchos casos casi imperceptibles, los daños son, según los expertos incalculables, y sólo se vislumbrarán cuando un equipo de restauradores pueda hacer una inspección exhaustiva. La policía dijo que no quiso divulgar lo que había sucedido de forma inmediata “por razones estratégica” con algunas líneas de investigación.

Mancillando el altar de los satánicos

El o los atacantes siguen sin ser identificados, la observación de los vídeos, para bochorno de las instituciones, no les ha permitido detectar a los culpables, y debido a las medidas de Covid las entradas en taquilla no estaban recolectando los datos de cada visitante, con lo que se hace aún más difícil apresarlos. El rastro de destrucción hace creer que los delincuentes debieron moverse “sin rumbo fijo” por el Neues Museum, la Alte Nationalgalerie y el Museo de Pérgamo, todos ellos en la famosa Isla de los Museos de Berlín, pero entre los objetos afectados se encuentran, sarcófagos con más de 3.000 años, esculturas de piedra y pinturas del siglo XIX del Antiguo Egipto.

Hay más, parece que había una especial fijación por Pérgamo, y también por alguna extraña razón decidieron rociar con el líquido una exhibición en 3D del Altar de Pérgamo original, sin valor histórico.

Es aquí donde los dos medios que han difundido el caso han saltado a algunas conclusiones. Attila Hildmann es una celebrity nacional, un chef vegano y el rostro visible en su país del movimiento conspiranoico QAnon.

Dl U458881 006 Attila Hildmann en un discurso anti medidas Covid ante el Reichstag en mayo.

El influencer había publicado en sus redes afirmaciones escandalosas sobre las prácticas nocturnas que se estarían haciendo entre sus muros. Según QAnon, Berlín realizó una reproducción a escala real de ese antiguo altar griego (es cierto, el museo se hizo ex profeso para albergar el monumento) porque es ahí donde está el mismo centro de la “escena satánica mundial”, en la que se dan cita importantes personalidades como, cómo no, la canciller alemana Angela Merkel, que hasta habría conducido en el altar “sacrificios humanos”, como ha llegado a publicar el mismo Hildmann.

Eso fue en agosto, pero ya antes, en junio, una reunión de conspiranoicos en la que participó Hildmann dirigieron a los manifestantes para terminar su trayecto en los escalones del cercano Museo Altes.

Cuando Deutschlandfunk lanzó la noticia sobre el acto vandálico, el influencer lo compartió en su canal de Telegram junto con el mensaje “¡Es un hecho! Es el trono de Baal [Satán]”.

Los alemanes que están dejando de creer en su país

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La conspiración está pegando fuerte en Alemania, tal vez más que en otros países de perfil similar y de su entorno como pueden ser Italia, Francia o España, según algunos análisis comparativos sobre el crecimiento de estos grupos y foros en la red. También ha habido una llamativa cantidad de manifestaciones contra las restricciones por Covid. Una encuesta nacional concluyó que uno de cada tres ciudadanos teutones cree en “teorías conspirativas”, aunque esta encuesta debe ser tomada con cautela, ya que preguntaba cuántos piensan que hay “poderes secretos” en las sombras, lo que va desde ovnis hasta los intereses de las grandes empresas y el sector financiero.

Los medios locales hablan del auge de esta doctrina a raíz de la pandemia por la crisis social que está provocando, pero ello por sí solo no lo explica, dado que en tal caso la conspiración debería estar haciéndose más fuerte en los países en los que más duramente está castigando, siendo además la nación germana una de las que mejor la está combatiendo y sin imponer restricciones como las que están sufriendo los países del sur.

Se cree que la fuerza del movimiento antivacunas y anti Bill Gates se explique por lo enraizada que ya estaba de antes la ideología ecologista y naturalista en el país. Por otro lado QAnon, un movimiento eminentemente pegado a lo local en Estados Unidos, ha encontrado aquí un puerto en el que encallar gracias a la rica historia entre estas dos naciones. Los Aliados dirigieron durante décadas el bloque occidental de Alemania, y a día de hoy, mucho tiempo después de la caída del Muro, el país sigue albergando más tropas estadounidenses que cualquier otro del mundo.

Ello ha alimentado la llama de teorías que especulan que esa Deutschland que se presentó al mundo tras la debacle comunista fue sólo una fachada administrativa para esconder que Alemania está gobernada en secreto por los intereses financieros estadounidenses, a su vez dirigidas por judíos. Si bien los imperialistas eran hasta hoy los villanos, gracias a Trump y QAnon éstos son ahora los hermanos de batalla contra las élites, con Trump purgando ese “Estado profundo” y desenmascarando a esos poderes fácticos, y a gente como Merkel ocupando el rol de títere autoritario del viejo orden.

Hasta hoy estas especulaciones eran más un divertimento intelectual o el credo de contadas personas, pero movimientos como el Reichsbürger o Ciudadanos del Reich fueron propagándolo, y han estallado ahora por la pandemia. También ha sido gracias al trabajo de divulgación de las agrupaciones asociadas al partido de extrema derecha Alternativa por Alemania, que han visto en la conspiración un potente arma para insuflar el descontento social que facilita su voto.

Haya sido el ataque de los museos obra de conspiranoicos o no (la policía no ha querido afirmar o desmentir si se baraja la hipótesis), el evento será visto por ellos como un triunfo del movimiento.

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