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La lista negra de Hitler: si los nazis hubieran invadido Gran Bretaña, no existirían estos libros

La lista negra de Hitler: si los nazis hubieran invadido Gran Bretaña, no existirían estos libros
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Lo imaginó Philip K. Dick en su ucronía de 1962, El hombre del castillo. Un mundo en el que la contienda de Stalingrado no acaba con las esperanzas del ejército alemán sino que este sale victorioso dominando al pueblo ruso, sometiendo por fin a los aliados y haciéndose así con el control geográfico e ideológico, el nuevo orden mundial.

Walter Schellenberg The Black Book Esp

En esa realidad alternativa que todavía era posible en 1939 compusieron los nazis varios planes futuros para el Reich, como el que ha llegado a nuestro conocimiento gracias al trabajo del Imperial War Museum de Londres. Sus reponsables han digitalizado uno de los documentos más sorprendentes de la inteligencia nacional socialista.

La Operación León Marino (o la Unternehmen Seelöwe) trataba la posible invasión de Gran Bretaña por parte de los alemanes en 1939. Se hicieron muchos preparativos y muy intensos, en parte para minar la moral de los enemigos y en otro tanto para despistar a los soviéticos.

Entre los informes de la operación estaba, al parecer, una lista de la que existían 20.000 copias antes del final de la guerra pero de la que sólo han sobrevivido dos hasta nuestros días. Una de ellas, ya digitalizada y accesible para todo el mundo, nos permite analizar la conocida como Lista Negra o Sonderfahndungsliste G.B.

Porque el Führer había ordenado elaborar un catálogo con los 3.000 principales enemigos de la ideología nazi, los personajes más ilustres de Reino Unido y futuros objetivos de las fuerzas de seguridad del régimen alemán. Políticos y judíos, sí, pero también actores y actrices, espías retirados, periodistas, líderes religiosos, intelectuales de izquierdas, feministas y otros rostros famosos de la vida cultural del país.

Adiós, Guerra de los Mundos, Bertrand Russell o Virginia Woolf

Boston Globe

La Lista Negra nos permite así imaginar la crónica de un mundo alternativo. ¿Cómo hubiese sido un mundo en el que después de 1940 no hubiesen existido Aldous Huxley, Virginia Woolf o HG Wells? ¿Una realidad en la que no hubiese ganado la notoriedad que merecía Un mundo feliz, sin que se hubiese escrito Entre Actos o en la que posiblemente no se hubiera retransmitido la famosa locución de La guerra de los mundos?

Es muy probable que también nos hubiésemos quedado son 007. Primero, porque Ian Fleming formaba parte de esta lista, y segundo porque a día de hoy se cree que Conrad O'Brien-ffrench, ex agente del MI6 e íntimo amigo del escritor, fue la inspiración directa que empujó a crear a James Bond. Entre sus éxitos en el trabajo estuvo una importante misión en Austria que permitió a muchos judíos escapar de la zona antes de ser invadida.

No2

La filosofía analítica se habría empobrecido enormemente. Bertrand Russell, el filósofo, matemático y escritor, también formaba parte de la lista. Un libro tan esencial como su Historia del pensamiento occidental no habría llegado a nuestros días. Otra de las instituciones más afectadas, curiosamente, habrían sido los Boy Scouts. Su fundador, Robert Baden Powell, era uno de los objetivos más codiciados.

3.000 nombres dan para muchos personajes, algunos que, aunque no sean tan conocidos para las gentes contemporáneas, ayudaron a marcar el rumbo del siglo XX. Entre ellos también estaban el Schindler británico, Francis Foley, el hombre que se cree que ayudó a unos 10.000 judíos a escapar del país; o Martha Cnockaert, ex agente doble durante la Primera Guerra Mundial y que fue considerada una especial amenaza por Hitler, a pesar de estar retirada del servicio activo en 1939.

Todo esto sin olvidar a mujeres como Lady Astor o Violet Bonham Carter, avocadas feministas (una fue la primera mujer que ocupó un escaño en la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, la otra la directora de la Federación Liberal de Mujeres) contra las que el partido nazi tenía especial odio.

Mw49580 Violet Bonham.

Por supuesto, es fácil imaginar el integrante número uno de esta Sonderfahndungsliste: Wiston Churchill, que habría sido un preso trofeo en caso de que la operación hubiese tenido éxito. Organizaciones como los masones o los testigos de Jehová también habrían sido desmanteladas. Para Hitler, todos ellos debían ser ajusticiados (o severamente castigados, según el caso) debido a que eran o podían ser una amenaza potencial para la expansión y la consolidación del Tercer Reich.

¿Y de verdad lo hubieran llevado a cabo?

Hay quién duda de la veracidad o utilidad de la lista de entre los personajes citados, y también otros como Sigmund Freud, había muchos integrantes del programa que ya estaban muertos o habían huido exiliándose a Estados Unidos. Pero aunque la lista tuviese un componente propagandístico y, posiblemente, estuviese algo desactualizada, no hay que dudar de la decisión del Reich.

Eroffnung Der Ausstellung Norge Nyreising Nationalgallerie 8613710022 Sentado a la derecha el Profesor Franz Six, septiembre de 1942 en Oslo.

Fue el miembro de la Gestapo, el Profesor Franz Six, el escogido para elaborar y consecuentemente ejecutar el programa. Six es también el hombre que, durante sus misiones en Moscú, informó haber "liquidado" a 144 personas, muchas de ellas judíos intelectuales. Por su rango de Brigadeführer en las SS también se le ha vinculado con el genocidio de cientos de miles de "enemigos del estado" en el frente del este, pero al carecer de pruebas los juicios de Nuremberg sólo pudieron condenarle a 10 años.

Como sabrán los familiares de la población oprimida por los nazis durante su etapa invasora y previa al estallido de la guerra, los nazis nunca mostraron demasiada clemencia en cuanto a la limpieza cultural, racial y étnica de sus tierras conquistadas, y sí mucha pericia a la hora de dar con los objetivos de naciones anexionadas. Por muchos obstáculos que pusieran las autoridades locales de cada sitio, la maquinaria nazi casi siempre hizo justicia al mito de la eficiencia alemana.

Es decir, después de llevar meses gaseando a cantidades del orden de 6.000 personas al día, ¿qué más les daba un puñado de británicos, por muy intelectuales que fueran?

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